Reflexiones para tiempos insólitos. III ¿Víctima o testigo del coronavirus?

Desde que, en los años 20 del siglo pasado, el santo jesuita almeriense P. José María Rubio Peralta (1864-1929) comenzara su labor con la población necesitada del barrio madrileño La Ventilla, la presencia de la Compañía de Jesús en este barrio ha sido constante y ha ido en aumento.

El P. Rubio, entre otras tareas, fomentó la educación de los niños más desprotegidos e indigentes. A fines de los años 60 se construyó el centro de formación Padre Piquer, además de recibir las parroquias San Francisco Javier y San Luis Gonzaga, que hace unos años se unificaron. Con el tiempo, fueron naciendo otros proyectos jesuíticos, como Pueblos Unidos para la atención e integración de las personas migrantes y la Casa San Ignacio que acoge múltiples iniciativas sociales. Además, ha sido un lugar considerado de gran interés para ubicar algunas comunidades de jesuitas en formación y para proyectar nuevas formas de vida comunitaria en clave de hospitalidad.

Severino Lázaro Pérez, jesuita de 51 años, autor de este testimonio, es hoy el director de la Casa San Ignacio, en el entramado de instituciones y comunidades jesuitas en La Ventilla madrileña.

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Edición Secretaría Provincial

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